lunes, 14 de abril de 2014

Temprano en la mañana

Muy temprano en la mañana la alarma suena, miro el reloj y son las 4:50 a.m. Me despierto y con flojera me pongo de pie. Arrastro los pies mientras me sobo los ojos que contienen algunas lagañas. Tanteo la pared para encender la luz. “Click” suena y la luz atraviesa mis retinas, hiriéndolas con su resplandor. Cierro los ojos un poco y me vuelvo a sobar la vista para acostumbrarla a aquella luminancia y así poder ver mejor.

Camino al baño, tambaleándome como borracho. Que flojera. Bostezo una, dos, tres veces hasta llegar a mi destino. Abro el caño. El agua helada cae y me da terror tocarla. Despacio introduzco mi mano en aquel chorro helado. Mi respiración se acelera y gimo como si estuviera poniendo mis manos en ácido. Un escalofrió me hace temblar desde mis manos hasta la punta de los dedos del pie. Me lavo las manos y la cara respirando agitadamente cada vez que el agua hace contacto con mi piel. ¡Que frio! ¡Que dolor! ¡Ay CSM!

Regreso arrastrándome como un zombie a mi cama. Empiezo a cambiarme de ropa con gran flojera. Pestañeo y mis ojos, por un segundo, se adormecen. Los vuelvo abrir y me apresuro a cambiarme. Tiro el pijama por donde caiga y salgo corriendo. Pongo a hervir un poco de agua y mientras tanto voy preparando una taza, con un té y tres cucharadas de azúcar. Dejo todo listo solo para echar el agua. Regreso al cuarto y tiendo la cama.

Abro el armario y me miro en el espejo. Mierda, estoy hecho un desastre. Estoy despeinado, con la cara chorreada y con una expresión cansada. Las ojeras acentuadas dan un horrible sombreado a mis ojos. El pelo lo tengo rebelde e insiste en no hacerme caso cuando lo peino. Reniego con mi reflejo. La tetera suena, avisándome que el agua ya hirvió. Miro el reloj y son las 5:20 a.m.

Corro a la cocina. Sirvo mi desayuno. Casi hirviendo me lo tomo. La garganta me arde ahora. ¡Demonios! Pienso. Regreso al cuarto; me pongo mis zapatillas; cojo mi mochila, que ya esta lista con algunas chucherías engaña estómago; me pongo mi capucha, con la que según mi madre parezco un vago; y salgo disparado. Camino con cuidado por las oscuras calles de la madrugada. Miro hacia todos los lados y no hay ni un alma más que yo, penando en la siniestra oscuridad. Llego al paradero y una que otra persona esta ahí. Paneo la desolada zona con la vista. Algunos carros pasan pero no el que yo espero.

Me comienzo a impacientar por mi eterna espera. Miro el reloj y son las 5:31 a.m. Vuelvo a revisar la zona con la vista, solo distingo algunos hoteles abiertos con grandes luces de neon y una que otra persona pasando por ahi. Me recuesto sobre la pared y miro la autopista, al fondo diviso un carro, mi carro. Alzo la mano y el conductor parece ser más ciego que yo y se pasa por mi costado, para detenerse algunos metros después. Puta madre, pienso. El cobrado me mira con su cara larga como si le pesara haber parado y me hace una seña hacia el carro como preguntándome si voy a subir. Camino a paso rápido y el cobrador me apura; el carro ruge y yo salto para que no me deje.

El bus está casi lleno. Mierda, ¿qué hace la gente despierta a estas horas? Me pregunto. Me cojo del pasamano y me quedo colgado. Descanso mi cuerpo y vuelvo a bostezar; una, dos, tres veces más. Miro las calles de reojo y están vacías pero con regular transporte público y estos igual de llenos como el mio. Mis respetos para quienes madrugan, pienso. No dormir todas mis horas me mata, me debilita, me hace bostezar mucho y odio sentirme cansado el resto del día por ello.

Diviso mi paradero, me acomodo la casaca y le aviso al cobrador que pronto bajare. El tipo me apresura a paso de caballo a que baje del carro. ¿Cuál es su apuro si tiene las calles casi libres? Me pregunto. Lo miro con cara de poto, él me devuelve la mirada como diciendo no me importa y su actitud me hace hervir la sangre. Trato de relajarme porque son las 5:45 a.m. y es muy temprano en la mañana como para enojarse por un estúpido ser unineuronal como él. El carro se detiene, tomo un largo suspiro  y me bajo.

El aire frio de las calle hace a mi cuerpo temblar. Miro a mí alrededor y ya hay varios ambulantes ofreciendo desayunos, panes, fruta, entre otras cosas. ¡Santa mierda! ¿A qué hora se levanta esta gente para preparar todo esto y desde donde vendrán? Me pregunto con un gran asombro. Algunas personas caminan apuradas por mi costado, algunas de saco y corbata y otras con algo más light. Agarro bien mi mochila y camino a paso firme por las oscuras y silenciosas calles que a su vez están alumbradas con la tenue luz de algunos faroles.

Me siento aliviado de ver un par de personas tomando mi ruta ya que esas desoladas calles me asustan un poco. Jamás había estado por ahí y menos a tan altas horas de la mañana en las que se supone que las personas están durmiendo. Mientras camino a paso apresurado reflexiono sobre aquel pequeño mundo que transita y trabaja en las madrugadas, antes que el gallo salga a cantar. Conforme avanzo vuelvo a bostezar, mi cuerpo se entumece por el frio, mis parpados los siento pesado… Trato de seguir, miro a mí alrededor y veo un par de personas caminando por la zona, los ignoro y sigo mi camino. El tramo del paradero a mi centro de labores es corto, tan solo tres insignificantes cuadras. Sin darme cuenta ya estoy en aquel edificio de paredes blancas, llena de computadoras y donde la palabra 'socializar' se ve debilidata. Me quedo unos segundos de pie en la puerta, sacudo la cabeza. doy un largo suspiro y entro a laoficina aliviado de que no paso nada en aquella oscura mañana pero triste por no poder continuar en los brazos de Morfeo.




Acerca de Giancarlo
Soy un poliedro lleno de aristas, rincones, luces y sombras...
Ver todas las entradas de Giancarlo »

0 comentarios :

Publicar un comentario

 
Copyright 2009 Vicios y debilidades . Powered by Blogger Blogger Templates create by Deluxe Templates . WP by Masterplan