Creo en la maldad. Ésta existe y es capaz de hacer daño hasta al más incauto, puro y virginal ser. Cuando el odio se apodera del alma puede llevarte a jugar con fuego. No importa si ardes con ese fuego. La satisfacción por ver arder a quien más odias llena tu alma pero a la vez cava un agujero del que después no podrás salir.
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