miércoles, 12 de marzo de 2014

Feliz cumpleaños

Era mi último año de estudios, estaba con muchas cosas por hacer pero las hice a un lado. Aquel día no me importaba llegar tarde a casa o que me gritaran o que tuviera algún trabajo por presentar. Ese día solo quería verte, estar junto a ti y decirte: Feliz cumpleaños.

Había decidido que enviar un mensaje a su móvil era muy impersonal. Mi saludo tenía que ser de frente. Cara a cara. Con una sonrisa y con aquel brillo que emergía en mi cuando te veía. Quería ver su expresión, tu reacción cuando te saludara y te diera tu regalo. Mierda, el regalo. No tenia que darle. La nube en que flotaba se esfumó. Tenía menos de 12 horas para verte y no tenía ni una puta idea de que darte o que decirte.

Desarme media habitación buscando algo que darte. Exploré como un sabueso mi casa en busca de algo para regalarte. En medio de polvo, humedad y sudor, encontré una colonia sellada. Era el regalo perfecto porque sabía cuanto te gustaban. Envolverla fue un dolor de cabeza ya que no soy bueno para ello. Doblar una vez y desdoblar dos veces. El papel se arrugó un poco. La pequeñas cintas estaban ya casi sin pegamento de tanto pegar y despegar. Termine de envolverla, más mal que bien, le puse un moño en una esquina como mi madre me había enseñado y el mamotreto estaba listo. Lo guarde en mi maleta y me fui.

Caminando a su encuentro recordé que tenía unas velas. Un cumpleaños necesita un pastel con velas que soplar pero tenia menos de 6 horas y si bien sabía cocinar mi arte culinaria tenía un límite al igual que mi bolsillo. Hora de improvisar. Mis largas horas desperdiciadas viendo películas llenas de cliches me decía que comprara un pequeño pastel, le pusiera una vela y que con una gran sonrisa le cantara un merecido cumpleaños. Mierda, si que era demasiado cursi en aquel entonces o ¿es que estaba estúpidamente ciego por algo más?.

Entre los pasillos de la universidad nos encontramos. Me miro y sonrió como siempre. No se si era porque era así su actitud o estaba felíz de verme o porque mi presencia le resultaba graciosa en una forma ridícula. Ambos estábamos apurados. “Feliz cumpleaños” le dije al mismo tiempo que se aproximaba hacia mi. “Gracias” dijo secamente para luego regalarme otra vez su encantadora sonrisa. Definitivamente valió la pena decírselo en persona. “¿Me esperas a la salida?” pregunto. Era obvio que lo haría y más por ser su cumpleaños. Asenté con la cabeza y sin mirarme volvió a sonreír como diciendo buen chico. Me tenía domado de alguna forma que me costaba admitir. Entonces nos despedimos y cada quien siguió su camino.

La hora había llegado. Subí las escaleras despacio. Un escalofrió me invadió. Me quede parado unos segundos en la escalera pensando porque hacia todo esto. No teníamos ninguna clase de relación que valiera tanto esfuerzo y dedicación. Es más, tu jamás te habías preocupado tanto por mi como yo lo estaba haciendo por tí. Ni siquiera me apoyaba en nada y solo me irritaba más de lo que hacia feliz. ¿Amigos, novios, solo un choque y fuga? ¡¿Qué mierda éramos?! Sobre todo, ¿qué mierda estaba haciendo yo? ¿Arrastrándome? Creo que sí. Ahí estaba yo, solo, en una escalera vacía, tan vacía como tu alma. Destruyendo todo el sueño que había creado.

El momento pareció eterno pero solo duro unos segundos. Terminé de subir las escaleras y vi a través de la ventana de su oficina. Ya todos se habían ido. Estaba corrigiendo algunos papeles, muy ensimismado en su mundo. Di un paso atrás y luego una media vuelta. Baje casi corriendo. Diciendo a mi mismo que todo esto estaba mal, que no debía a pesar que quería. Era como una escena ridícula de una mala película romántica.

Mi móvil entonces sonó en medio de mi batalla interna. Era su número. Puse los ojos en blanco del asombro. Mierda si que todo esto era como una película. Conteste tímidamente. Estoy seguro que pude sentir que sonrió al oírme. Su melodiosa voz entonces me pregunto “¿A dónde vas?” ¡Santa mierda me había visto! Había visto todo. “…al baño” le respondí rápidamente con un tono inseguro. Pero ¿qué cojones tenia en la mente para decir semejante estupidez?  De nuevo pude sentir su sonrisa burlona y no era para menos.

“Igual te vi con tantas cosas que no quise interrumpir” musite. Si claro, ni mi vieja se creería eso, cuando en realidad lo que quería hacer era irrumpir en aquella habitación con el pequeño pastel que había comprado en una mano, una vela encendida sobre el, con un regalo en la otra mano y desearte un feliz cumpleaños. ¿Por qué? No lo sabía o quizás si pero preferia vivir en negación y vivía bajo mis impulsos. Empecé a entrar en pánico de nuevo y quedé en silencio. Entonces sus labios articularon lo que quería oír e hizo dibujar una boba sonrisa en mi Quasimodo rostro. “No me interrumpes, sube y espera conmigo a que termine”




Acerca de Giancarlo
Soy un poliedro lleno de aristas, rincones, luces y sombras...
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